¿Qué son los Quistes de Tarlov?
Los quistes de Tarlov (o perineurales) son dilataciones de las vainas meníngeas llenas de líquido cefalorraquídeo (LCR). Se localizan principalmente en las raíces sacras (S2) y son más comunes en mujeres. Esta sección explora su definición básica, prevalencia y los síntomas que *pueden* causar.
Contexto Clínico General
Aunque la prevalencia global es de aproximadamente el 4% de la población, la gran mayoría de estos quistes son hallazgos incidentales en estudios de imagen y no causan problemas.
Cuando son sintomáticos (15-20% de los casos), pueden causar:
- Dolor lumbar crónico y radiculopatía sacra.
- Disfunción vesical e intestinal (incontinencia, retención).
- Alteraciones de la esfera sexual (ej. disfuncion eréctil).
- Dolor neuropático en la región pélvica.
Prevalencia: Asintomáticos vs. Sintomáticos
El gráfico ilustra que solo una pequeña fracción de los quistes de Tarlov detectados se asocia a síntomas clínicos, siendo este el origen de la controversia diagnóstica.
El Dilema Causal: El Reto Principal
El núcleo del desafío medicolegal. El simple hallazgo de un quiste en una resonancia magnética no implica que sea la causa de los síntomas del paciente. Esta sección explora la pobre correlación entre el tamaño del quiste y la clínica.
Escenario 1: Frecuentemente Problemático
Un paciente presenta síntomas severos de radiculopatía sacra, pero su resonancia magnética solo muestra un quiste de Tarlov muy pequeño. Esto puede ser subdiagnosticado.
Escenario 2: Frecuentemente Asintomático
Un paciente se realiza una resonancia por dolor lumbar y se descubre un quiste de Tarlov muy grande, pero sus síntomas no se correlacionan con la ubicación del quiste (es un hallazgo incidental).
Factores Agravantes y Patogenia
La patogenia es multifactorial. Se postula que fuerzas mecánicas, como la presión hidrostática y pulsátil del LCR, contribuyen a la dilatación y crecimiento de los quistes, lo cual puede hacer aparecer o empeorar los síntomas [1, 2].
En pacientes sintomáticos, actividades que aumentan la presión mecánica, como la sedestación prolongada, caminar y los esfuerzos físicos, se asocian directamente con el agravamiento del dolor [3, 4].
Trauma y Esfuerzo: El traumatismo y el aumento de la presión hidrostática son mecanismos potenciales en la patogénesis y agravamiento de los quistes [5, 6]. Aunque la relación directa entre sedestación prolongada y *crecimiento* del quiste no está totalmente establecida, la literatura sí indica que la compresión mecánica puede exacerbar los síntomas neurológicos y dolorosos [3, 7, 8].
Por lo tanto, aunque existe evidencia de que factores mecánicos y traumatismos pueden agravar los síntomas e influir en la evolución clínica, la magnitud exacta de este efecto aún no está completamente definida [5, 8].
Diagnóstico: Estableciendo la Causalidad
Dado el dilema causal, ¿cómo se prueba que un quiste *es* la causa de los síntomas? La literatura médica es clara: se requiere una correlación rigurosa de tres pilares. Explore cada pilar para entender su rol.
Pilar 1: Clínica Compatible
El paciente debe presentar síntomas específicos de radiculopatía sacra (dolor, parestesias, disfunción autonómica) que se correspondan anatómicamente con el nivel del quiste (ej. S2). El dolor lumbar inespecífico no es suficiente. La historia clínica detallada es fundamental.
Pilar 2: Imagen (RM)
La Resonancia Magnética (RM) es la prueba de elección para detectar el quiste, su tamaño y su relación con las raíces nerviosas. Sin embargo, este pilar por sí solo no confirma la causalidad. Es necesario pero no suficiente.
Pilar 3: Pruebas Neurofisiológicas
Este es el pilar objetivo y a menudo el más importante en el contexto medicolegal. Pruebas como la Electromiografía (EMG) sacra y los Potenciales Evocados (pudendos, sacros) son cruciales para objetivar el daño radicular. Permiten diferenciar los síntomas atribuibles al quiste de otras patologías simuladoras (ej. neuralgia del pudendo).
Solo la confluencia de estos tres pilares permite sustentar sólidamente la relación de causalidad.
Aspectos Medicolegales Clave
Aquí es donde la falta de una correlación rigurosa genera conflictos. La valoración de pacientes con quistes de Tarlov puede requerirse en reclamaciones de incapacidad, secuelas de accidentes y casos de mala praxis. Explore las pestañas para ver los escenarios clave.
Valoración de Daño (Laboral/Tráfico)
En reclamaciones, es vital documentar la relación temporal entre un evento (trauma, esfuerzo) y el inicio/agravamiento de los síntomas. Si bien la evidencia de que un trauma *cause* el quiste es limitada, sí existen mecanismos potenciales que vinculan el trauma y el aumento de presión hidrostática con el agravamiento de los quistes [5, 6].
La sedestación prolongada (laboral) se asocia con un empeoramiento del dolor [3]. Aunque su papel en el *crecimiento* del quiste no está definido, la compresión mecánica puede exacerbar los síntomas neurológicos [7, 8]. El peritaje debe diferenciar entre la *causa* de la formación (incierta) y el *agravamiento* sintomático (plausible) por factores externos.
Mala Praxis (Omisión y Sobreindicación)
1. Omisión Diagnóstica: Ignorar los quistes o atribuir síntomas severos (incontinencia, dolor crónico) a "somatización" sin realizar un estudio neurofisiológico completo puede ser motivo de reclamación.
2. Sobreindicación Quirúrgica: Es un riesgo mayor. Atribuir síntomas (ej. lumbalgia) a un quiste incidental sin correlación neurofisiológica puede llevar a cirugías innecesarias. La cirugía se reserva para casos discapacitantes con correlación clara de los 3 pilares.
Peritaje y Patologías Simuladoras
La evaluación debe ser multidisciplinar. Los síntomas de un quiste de Tarlov (dolor pélvico, disfunción) se solapan frecuentemente con otras patologías, como la neuralgia del pudendo.
Un peritaje que se base solo en la RM, sin el pilar objetivo de la neurofisiología (EMG, potenciales evocados), corre un alto riesgo de sesgo y de atribuir incorrectamente toda la sintomatología al quiste.
Flujo de Manejo y Tratamiento
El manejo de los quistes sintomáticos es escalonado, priorizando siempre las opciones menos invasivas. La cirugía se reserva para casos muy seleccionados.
Paso 1: Manejo Conservador (Elección inicial)
Incluye fisioterapia del suelo pélvico, medicación para el dolor neuropático (ej. pregabalina) y cambios en el estilo de vida. Es la primera línea para la mayoría de pacientes.
Paso 2: Técnicas Intervencionistas
Si el manejo conservador falla. Incluye la aspiración percutánea del quiste (a menudo con recidiva) o la inyección de sellante de fibrina. Son técnicas con eficacia variable y no exentas de riesgos.
Paso 3: Tratamiento Quirúrgico (Último recurso)
Reservado para pacientes con dolor intratable, síntomas neurológicos progresivos y una correlación causal de los 3 pilares demostrada. Las técnicas incluyen la fenestración del quiste o la laminectomía descompresiva.
Bibliografía de Referencia
Referencias.
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- Yang AI, McShane BJ, Welch WC. Growth of a Sacral Perineural (Tarlov) Cyst: Clinical Images. World Neurosurgery. 2018;119:400-401. doi:10.1016/j.wneu.2018.07.279.
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